Gran Canaria y Lanzarote movilizan a vecinos en un gran laboratorio ciudadano

En el marco del proyecto europeo PHAROS, el denominado Marcolab despliega actividades de ciencia ciudadana | Foto: CMC

En el marco del proyecto europeo PHAROS, el denominado Marcolab despliega actividades de ciencia ciudadana | Foto: CMC

La iniciativa PHAROS–Marcolab activa ciencia participativa en costa y fondos marinos con buceo y senderismo, suma nuevos registros de especies y refuerza la economía azul desde el territorio.

Las islas de Gran Canaria y Lanzarote se convierten durante tres días en un gran laboratorio abierto al mar. En el marco del proyecto europeo PHAROS, el denominado Marcolab despliega actividades de ciencia ciudadana para que vecinos y visitantes registren flora y fauna mientras pasean, practican senderismo o bucean.

Las técnicas del Clúster Marítimo de Canarias, Adelina de la Jara y Laia Pujal, explican que el objetivo es «aunar a todos los actores de la cuádruple hélice: administración, empresas, centros de conocimiento y ciudadanía» y sacar la investigación de los laboratorios.

MINCA, la herramienta clave

El corazón tecnológico del despliegue es la aplicación MINCA, una plataforma donde cualquier persona puede subir fotografías de especies observadas.

De la Jara señala que «permite que muchísima más gente participe; donde en un laboratorio trabajan diez científicos, aquí pueden colaborar cientos de ciudadanos». Pujal añade que el sistema incluye validación colectiva: «Si alguien no sabe qué ha fotografiado, otros usuarios más expertos argumentan y ayudan a identificar la especie».

Ese proceso, dicen, no solo genera datos, sino también conciencia ambiental. «Al aprender qué hay en nuestro entorno, aumenta la necesidad de protegerlo», afirma.

Despliegue simultáneo en dos islas

El operativo combina mar y tierra. En Gran Canaria se organizan puntos de buceo en la Reserva Marina de El Cabrón y Tufia, además de rutas de “pateo” por playas como Mogán, Vargas o Arinaga, con la colaboración de empresas y asociaciones locales.

En Lanzarote, las actividades se reparten entre inmersiones en el Museo Atlántico y salidas terrestres de observación. En total, ocho acciones simultáneas y decenas de participantes de todas las edades.

«Desde niños hasta personas mayores se animan; muchas ya estaban acostumbradas a salir al campo y ahora lo hacen con una herramienta científica», explica Pujal.

Nuevas especies registradas

Los resultados son tangibles. La plataforma suma cerca de medio centenar de nuevos usuarios y decenas de registros inéditos. Según detallan, se incorporan 78 nuevos taxones —entre especies y géneros— y se detectan ejemplares de especial interés, como el mosquitero canario, protegido, o el angelote, catalogado como amenazado, además de diversas especies exóticas e invasoras. «Tomar decisiones basadas en evidencias es fundamental para la conservación», subraya De la Jara.

Economía azul y producto local

En Lanzarote, la organización apuesta por un almuerzo con productos locales y frescos, reforzando el vínculo entre conservación y consumo de proximidad. En Gran Canaria, el encuentro final sirve para recuperar fuerzas y estrechar lazos entre participantes.

Próximos pasos del Marcolab

Tras la experiencia, el Clúster quiere ampliar la red de observadores. Actualmente MINCA acumula más de 5.500 observaciones y alrededor de 1.300 especies registradas en el Archipiélago.

El reto ahora es «aumentar el número de personas que participan y conectar esta plataforma global con redes locales», explican, con la mirada puesta en atraer también a un turismo interesado en la conservación.

La idea es consolidar un modelo en el que ciencia, ciudadanía y actividad económica avancen de la mano, con el mar como eje común.