Las Palmas de Gran Canaria afronta su presencia en FITUR 2026 con cifras históricas de visitantes y pernoctaciones, pero también con la convicción de que el crecimiento turístico debe acompasarse a la capacidad real de la ciudad
Las Palmas de Gran Canaria afronta su presencia en FITUR 2026 con cifras históricas de visitantes y pernoctaciones, pero también con la convicción de que el crecimiento turístico debe acompasarse a la capacidad real de la ciudad. Así lo defiende Pedro Quevedo, primer teniente de alcalde y concejal de Desarrollo, Turismo y Ciudad del Mar, que reclama coherencia institucional, una reflexión profunda sobre los límites del modelo y una gestión del éxito que no deteriore la calidad de vida ni los servicios públicos.
La ciudad se presenta en FITUR 2026 con el aval de los mejores datos turísticos de su historia reciente y con un discurso centrado en sus singularidades como destino urbano. Pedro Quevedo explica que la participación de la ciudad en la feria tiene como objetivo principal «explicar qué somos y qué ofrecemos», poniendo el acento en un modelo que combina clima, playa y actividad cultural con una intensa vida urbana.
«Una ciudad con actividad turística»
El concejal subraya que la capital grancanaria no se concibe como una ciudad turística al uso, sino como «una ciudad con actividad turística», una diferencia que considera clave para entender su atractivo. A la playa de Las Canteras, uno de los principales reclamos, se suma una oferta cultural que supera ampliamente el millar de eventos anuales, una estructura urbana pensada para públicos diversos —familias, parejas, jóvenes y mayores— y una creciente variedad de actividades vinculadas al ocio activo y al deporte.
Entre esos elementos, Quevedo destaca el posicionamiento de la ciudad como referente internacional del surf, incluso en el contexto singular de una playa urbana, así como el despegue de la gastronomía, que en los últimos años ha recuperado diversidad y proyección. «La ciudad vuelve a oler al mundo entero», afirma, aludiendo a una etapa pasada en la que Las Palmas de Gran Canaria era sinónimo de mezcla cultural y oferta cosmopolita, una imagen que, según señala, vuelve a reflejarse hoy en los estudios de reputación online.
464.000 viajeros y más de 1,6 millones de pernoctaciones
Los datos avalan ese momento de expansión. En el último año, la ciudad ha registrado cerca de 464.000 viajeros y más de 1,6 millones de pernoctaciones, con incrementos de alrededor del 10 % respecto al ejercicio anterior. Sin embargo, el responsable municipal introduce matices importantes: «Nos interesaría más pernoctaciones y menos visitantes», una fórmula que permitiría aumentar el impacto económico sin incrementar de forma desproporcionada la presión sobre el espacio urbano y los servicios.
En este contexto, Quevedo se muestra crítico con los discursos que abogan simultáneamente por seguir creciendo en número de turistas y por repartir mejor la riqueza generada. Recuerda que el turismo representa en torno al 40 % del PIB y del empleo en Canarias, una realidad que, a su juicio, obliga a un planteamiento más riguroso. «Antes de hablar de crecimiento hay que saber cuánta gente podemos soportar sin dañar la calidad de vida, los servicios públicos o el acceso a la vivienda», sostiene.
El edil defiende la necesidad de avanzar hacia una gestión más ordenada y sostenible del éxito turístico, aprendiendo de experiencias como la regulación de accesos a espacios naturales, que —según apunta— no solo no generan rechazo entre los visitantes, sino que contribuyen a proteger el territorio y a mejorar la experiencia turística. «Esto repercute después en la recuperación de los espacios y en corregir los daños que producen las avalanchas de personas», señala.
Un destino urbano consolidado
Con este enfoque, Las Palmas de Gran Canaria se presenta en FITUR 2026 como un destino urbano consolidado, consciente de su atractivo y de su potencial, pero también de los riesgos asociados a un crecimiento sin planificación. Para Pedro Quevedo, el desafío ya no es atraer más turistas, sino «gestionar bien el éxito» para evitar repetir errores del pasado y garantizar un modelo sostenible que beneficie tanto a la economía como a la ciudadanía.