No falla VioGén, sino «un sistema que no asume la realidad de la violencia machista»

Nereida Vizuete, portavoz de la Red Feminista de Gran Canaria | Foto: Una y Medio

Nereida Vizuete, portavoz de la Red Feminista de Gran Canaria | Foto: Una y Medio

Nereida Vizuete, portavoz de la Red Feminista de Gran Canaria, recuerda que hay más de 6.500 mujeres en Canarias registradas con algún nivel de riesgo «y eso es un disparate»

Las redes feministas de Gran Canaria y Tenerife reclaman una revisión profunda del actual modelo de respuesta institucional frente a la violencia machista y un giro decidido hacia la prevención estructural. Así lo afirma Nereida Vizuete, portavoz de la Red Feminista de Gran Canaria, tras el último asesinato machista registrado en Las Palmas de Gran Canaria, el cuarto en lo que va de año. Vizuete sostiene que el debate público está mal enfocado y advierte de que el problema no reside en una herramienta concreta, sino en un sistema que no actúa a tiempo ni de forma coordinada. 

Cuatro asesinatos en quince días

Vizuete subraya la gravedad de las cifras y pide detenerse en su significado real. Recuerda que a 15 de enero ya se contabilizan cuatro mujeres asesinadas por violencia machista en el Estado y más de 1.340 desde que existen registros oficiales. Afirma que estas cifras deberían provocar una reacción social y política equivalente a cualquier otra violencia reiterada contra un colectivo concreto, algo que, a su juicio, no está ocurriendo.

VioGén como herramienta, no como causa

La portavoz feminista insiste en que el sistema VioGén no es el origen del problema. Dice que se trata de una herramienta de coordinación y registro utilizada por las instituciones y los cuerpos de seguridad, necesaria y útil, pero incapaz por sí sola de frenar la violencia. El verdadero dato alarmante, señala, es que existan más de 100.000 casos activos en todo el Estado y más de 6.500 en Canarias, mujeres con niveles de riesgo que van de leve a extremo.

«Estamos hablando de miles de mujeres que viven con la violencia sobre sus cabezas», afirma, y añade que no se puede normalizar esa situación ni tratarla como una cifra más.

Un problema estructural sin respuesta estructural

Vizuete sostiene que la violencia machista es un problema estructural que no se está abordando como tal. Afirma que las respuestas actuales son fragmentarias y reactivas: talleres aislados, campañas puntuales o medidas sueltas que no forman parte de una estrategia integral. A su juicio, no existe un plan sólido de prevención que actúe antes de que la violencia escale hasta formas extremas.

Plantea que la prevención debería estar integrada de manera estable tanto en el sistema educativo reglado como en los espacios de educación no formal, algo que, asegura, no ocurre en la práctica.

Violencias normalizadas y desigualdad

La portavoz de la Red Feminista advierte de que antes del asesinato existe una cadena prolongada de violencias que han sido normalizadas socialmente. Afirma que las desigualdades económicas y sociales colocan a muchas mujeres en una posición de mayor vulnerabilidad y dificultan que puedan salir de relaciones violentas. Dice que existe una relación directa entre la falta de recursos y la imposibilidad de romper con la violencia.

También alerta de los modelos de relación que se reproducen en la cultura, los medios y especialmente entre adolescentes y jóvenes. Afirma que los comportamientos de control, miedo y desequilibrio de poder se están asumiendo como normales y que eso debería ser una señal de alarma colectiva.

Falta de coordinación institucional

Vizuete reconoce que existen profesionales y servicios que trabajan contra la violencia machista, pero insiste en que el problema requiere una intervención simultánea y coordinada de múltiples ámbitos. Señala carencias en el sistema educativo, en el sanitario y en el judicial. Afirma que denunciar sigue siendo un proceso hostil y revictimizante para muchas mujeres y que el colapso de los servicios públicos dificulta la detección temprana de los casos.

Dice que sin una coordinación real entre educación, sanidad, justicia y servicios sociales, cualquier medida será insuficiente.

Del minuto de silencio a la acción

Uno de los reproches más duros se dirige a la respuesta institucional tras cada asesinato. Vizuete afirma que las condenas públicas y los minutos de silencio se repiten, pero no van acompañados de cambios reales. Critica los llamamientos genéricos a la unidad y reclama, en su lugar, la activación inmediata de recursos humanos y profesionales que ya existen.

Sostiene que hay educadores sociales, trabajadoras sociales y especialistas preparados para intervenir y que muchos de ellos han estado infrautilizados. «No hay que llamar a la unidad, hay que llamar a trabajar», afirma.

Un fracaso del sistema

Para la portavoz feminista, no se trata de fallos puntuales, sino de un fracaso global del sistema. Afirma que las instituciones perpetúan desigualdades entre hombres y mujeres y luego se sorprenden de que esas desigualdades desemboquen en violencia extrema. Añade que cuando las mujeres identifican la violencia, el sistema no les ofrece salidas reales ni rápidas, lo que agrava el riesgo.

El riesgo de la normalización

Vizuete alerta del peligro de acostumbrarse a las cifras y a la rutina del duelo simbólico. Dice que no se puede aceptar con normalidad que a mitad de enero ya se hable de la cuarta mujer asesinada y que al día siguiente todo continúe igual. Llama a no banalizar los números y a recordar que detrás de cada asesinato hay cientos de miles de violencias cotidianas invisibles.

Concluye advirtiendo de que la violencia machista no es un fenómeno ajeno ni excepcional, sino una realidad presente en muchos entornos cercanos, y reclama una reacción social e institucional que esté a la altura de esa gravedad.