Jacques Bulchand: «La inteligencia artificial va a cambiar las reglas del mercado»

Jacques Bulchand en los estudios de El Espejo Canario

Jacques Bulchand en los estudios de El Espejo Canario

➤ «Los ordenadores van a superar la inteligencia humana; la duda es cuándo y hasta dónde» ➤ «El acuerdo social sobre el uso ético de la inteligencia artificial es imprescindible» ➤ «Es muy probable que entre 2026 y 2027 estalle una burbuja financiera vinculada a la IA»

La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa incipiente para convertirse en uno de los grandes vectores de transformación económica, social y tecnológica del siglo XXI. Así lo afirma Jacques Bulchand, catedrático de Empresa y Turismo Digital de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, quien analiza la rápida evolución de herramientas como ChatGPT, sus implicaciones para el empleo, la educación, la privacidad y la salud, así como los riesgos asociados a su desarrollo acelerado y a la especulación económica que la rodea. 

De la ingenuidad inicial a una madurez acelerada

Bulchand recuerda que las primeras versiones de ChatGPT parecían «un niño de diez años, incluso ingenuo», pero subraya que la evolución ha sido vertiginosa. «Un año de inteligencia artificial equivale a seis, siete o incluso diez años humanos», explica, hasta el punto de que en apenas tres años estas herramientas han alcanzado un nivel de madurez notable, aunque sigan cometiendo errores.

El catedrático matiza, no obstante, que no todo el mundo gira en torno a la inteligencia artificial. «Muchas tareas esenciales siguen dependiendo de personas: el camarero, el transportista, quien limpia o hace la cama en casa. Eso, por ahora, no lo hacen los robots», afirma, relativizando la idea de una automatización total a corto plazo.

Datos, privacidad y marcos legales desiguales

Uno de los ejes centrales del desarrollo de la inteligencia artificial es el uso masivo de datos. Bulchand señala que ChatGPT funciona porque «ha sido alimentado con prácticamente todo lo que se ha escrito y publicado en la historia de la humanidad», lo que explica su potencia. El problema surge cuando se trata de datos personales.

En este punto, subraya la diferencia entre Europa y otros entornos regulatorios. «No es que la inteligencia artificial viole las leyes, es que muchas herramientas trabajan bajo marcos legales distintos, sobre todo en Estados Unidos o China, donde las exigencias no son las mismas que en Europa», dice. A su juicio, la legislación europea es más garantista, aunque eso no impide que existan riesgos reales.

Usos peligrosos y límites tecnológicos

Bulchand reconoce que existen casos preocupantes, como el de adolescentes que han buscado respuestas inapropiadas en sistemas de inteligencia artificial. Afirma que los desarrolladores intentan «capar» este tipo de usos por razones éticas y también por interés propio, pero advierte de que «la imaginación humana siempre encuentra la forma de rodear los límites».

«La información está ahí», explica, y aunque la herramienta rechace una petición directa, puede ser conducida mediante rodeos a ofrecer respuestas sensibles. Por eso, insiste en la necesidad de vigilancia constante y de un debate social permanente sobre los límites de estas tecnologías.

Consumo energético y eficiencia

Otro de los debates recurrentes es el impacto energético de la inteligencia artificial. Bulchand confirma que el consumo de energía y agua es elevado, especialmente para refrigerar los servidores, pero aclara que las cifras actuales son inferiores a las que se manejaban al inicio. «Al principio el consumo era brutal; ahora sigue siendo alto, pero mucho menor», explica, comparándolo con la evolución de los motores de combustión, cada vez más eficientes con el paso del tiempo.

La inteligencia artificial en la universidad

En el ámbito educativo, Bulchand defiende una postura clara: la inteligencia artificial debe integrarse en la formación. «Yo incito a mis alumnos a utilizarla», afirma, y rechaza la idea de prohibirla. «Si las empresas la van a usar, no tiene sentido formar a estudiantes como si estuviéramos hace 30 o 40 años», sostiene.

A su juicio, la clave está en enseñar un uso ético y responsable, del mismo modo que se enseña a usar Internet, una calculadora o un ordenador. «Es una herramienta más», insiste.

Riesgo de burbuja financiera

Desde el punto de vista económico, Bulchand advierte de una fuerte especulación alrededor de la inteligencia artificial. «Muchos analistas creen que existe una burbuja», señala, diferenciando entre la realidad tecnológica —que considera sólida— y las valoraciones infladas de muchas empresas.

El catedrático estima que «hay más de un 50% de probabilidad de que entre 2026 y 2027 estalle esa burbuja», lo que podría dar paso a un periodo de ajuste antes de un nuevo crecimiento con bases más firmes, en un proceso similar al vivido con la burbuja puntocom.

Salud, ética y futuro

Bulchand aborda también el uso de la inteligencia artificial en el ámbito sanitario y ve con interés la posibilidad de sistemas que integren historiales médicos dispersos. «Ojalá funcione», dice, aunque deja claro que nunca sustituiría al criterio médico. «Yo siempre querría contrastarlo con mi médico», afirma, consciente de que habrá personas que intenten autodiagnosticarse.

Finalmente, reconoce que la posibilidad de que la inteligencia artificial supere la inteligencia humana es una realidad que «nadie discute». La incógnita, señala, es si llegará a dominarla. «Cuando los grandes padres de la inteligencia artificial advierten de ese riesgo, la humanidad debería, como mínimo, reflexionar y monitorizarlo», concluye, subrayando que estamos ante una de las transformaciones más profundas de la historia reciente.