Cáritas Diocesana alerta del agravamiento de la exclusión residencial y social en el primer semestre de 2025

Voluntarios de Cáritas | Foto: Cáritas Diocesana

Voluntarios de Cáritas | Foto: Cáritas Diocesana

La secretaria general en Canarias, Caya Suárez, indica que «el coste de la vida no deja de subir y eso también afecta a la sostenibilidad de nuestros servicios»

El primer semestre de 2025 ha confirmado un escenario de creciente complejidad social en Canarias, marcado por el encarecimiento de la vivienda, la precariedad laboral y el aumento de situaciones de pobreza severa. Así lo expuso la secretaria general de Cáritas Diocesana de Canarias, Caya Suárez, en el balance de la acción desarrollada por la entidad durante los seis primeros meses del año, un periodo en el que la organización ha intensificado su acompañamiento a las personas y familias más vulnerables del Archipiélago.

La vivienda, epicentro de la desigualdad

Según los datos manejados por Cáritas, las familias en situación de exclusión residencial atendidas por la entidad han aumentado un 19% en la provincia de Las Palmas. La dificultad para acceder a una vivienda digna se ha consolidado como el principal factor de desigualdad, incluso entre personas con empleo, que no logran cubrir alquiler y suministros básicos: «La falta de acceso a la vivienda está agravando todas las demás dimensiones de la vida: el empleo, la salud y la educación», subrayó Suárez.

Más demandas y mayor coste de la intervención

Durante este periodo, Cáritas ha registrado un incremento significativo de las solicitudes de ayuda al alquiler y de los servicios vinculados a la prevención de desahucios, con un aumento del 25% en los costes de atención respecto a los años previos a la pandemia. A ello se suma el encarecimiento de los servicios básicos: el coste medio de un menú en los comedores sociales ha pasado de menos de cinco euros a siete, reflejando el impacto directo de la inflación en la acción social: «El coste de la vida no deja de subir y eso también afecta a la sostenibilidad de nuestros servicios», explicó.

Inserción laboral y acompañamiento integral

En el ámbito del empleo, Cáritas ha mantenido una tasa de inserción laboral cercana al 59% entre las personas que completan sus itinerarios, entendiendo la inserción como contratos de al menos seis meses de duración. Sin embargo, Suárez advirtió de que el empleo ya no es garantía suficiente para salir de la exclusión: «Las personas ya no vienen por una ayuda puntual; tienen afectadas varias áreas de su vida y necesitan un acompañamiento integral», señaló.

Nuevos perfiles y mayor complejidad social

El perfil de las personas atendidas mantiene rasgos similares a años anteriores —desempleo, bajo nivel formativo y edades entre los 40 y 50 años—, pero con un aumento notable de hogares encabezados por mujeres, muchas de ellas con menores y personas dependientes a su cargo. Esta realidad dificulta la conciliación y agrava la vulnerabilidad: «La situación se ha ido complejizando y las redes de apoyo son cada vez más frágiles», afirmó la secretaria general.

Salud mental, adicciones y mujeres en extrema vulnerabilidad

Entre los principales logros del semestre, Cáritas destaca la creación de comisiones de cuidado y reflexión para abordar el aumento de los problemas de salud mental, las adicciones y la atención a mujeres en contextos de explotación y trata. Este enfoque incorpora el cuidado emocional tanto de las personas atendidas como del voluntariado y el personal de la entidad: «Cuidar la salud mental es hoy imprescindible para acompañar con dignidad», apuntó Suárez.

El voluntariado, eje del modelo de Cáritas

La acción de Cáritas se sostiene sobre una red de más de 1.100 personas voluntarias en la provincia de Las Palmas, que actúan como primera puerta de entrada a través de las Cáritas parroquiales. Para la entidad, las ayudas materiales son una herramienta, pero no el fin último: «El acompañamiento cercano y comunitario es el verdadero corazón de Cáritas», destacó.

Retos para el segundo semestre

De cara al futuro inmediato, Cáritas se fija tres grandes retos: impulsar medidas que faciliten el acceso a una vivienda digna, visibilizar la soledad —no solo de las personas mayores, sino de quienes carecen de redes de apoyo— y garantizar la sostenibilidad de la propia acción social: «Sin políticas de vivienda estables, no es posible construir proyectos de vida dignos», advirtió Suárez.

Un mensaje de esperanza activa

La secretaria general de Cáritas Diocesana de Canarias cerró su balance con un llamamiento a la corresponsabilidad social y a la solidaridad cotidiana: «La esperanza no es pasiva; es una esperanza activa que se construye estando al lado de quienes peor lo están pasando», concluyó.