Pedro Alfonso: «El decreto de ayudas no recoge la idiosincrasia de Canarias»

Pedro Alfonso | Foto: CEOE

Pedro Alfonso | Foto: CEOE

➤ «La crisis nos coge en medio de la falta de productividad y de salarios proporcionales» ➤ «Cuanto más dure la guerra, más complicada va a ser la situación» ➤ «El problema no es el consumo, el problema es la oferta»

La evolución del conflicto internacional y su impacto directo en la economía centran el análisis del presidente de la CEOE de Tenerife, Pedro Alfonso, quien describe un escenario especialmente delicado para Canarias, marcado por la inflación, la dependencia energética y la falta de respuestas adaptadas a la realidad insular.

Impacto inmediato de la guerra

Alfonso afirma que la situación actual está condicionada por «un impacto inicial de la guerra muy importante en materia de precios», que en el caso de Canarias se intensifica «debido a nuestra falta de recursos energéticos y a nuestra distancia». A su juicio, el archipiélago afronta este contexto en una posición de debilidad estructural, con «falta de productividad y de salarios proporcionales a la productividad», lo que agrava cualquier perturbación externa.

En este sentido, advierte de que el desequilibrio entre el coste real del conflicto y las medidas adoptadas es evidente: «El coste de la guerra son 5.000 millones de euros al día» frente a un paquete de ayudas de la misma cuantía, lo que, según sostiene, evidencia que «cuanto más dure más complicada va a ser la situación».

Críticas al decreto de ayudas

El presidente de la patronal tinerfeña considera que las medidas aprobadas no tienen en cuenta las singularidades del archipiélago. «El decreto no recoge la idiosincrasia de Canarias», afirma, subrayando que elementos como la ultraperiferia, los impuestos propios o el coste del combustible quedan fuera de la respuesta estatal.

Alfonso señala que se ha solicitado una adaptación normativa que no ha llegado a materializarse y lamenta que tampoco se hayan compensado los costes adicionales que deberá asumir la comunidad autónoma. «Tenemos un techo de gasto máximo y ya no podemos ir más allá», explica, insistiendo en la necesidad de actuar sin recurrir ni al déficit ni a recortes presupuestarios.

Asimismo, reclama mayor determinación política. «Lo que tiene que ser el Gobierno es valiente», dice, defendiendo que las medidas deben aplicarse «desde el primer día» para mitigar los efectos económicos.

Problemas estructurales y energía

El dirigente empresarial advierte de que esta crisis es más compleja que otras recientes porque combina factores logísticos, especulativos y de costes. En particular, destaca las dificultades en el suministro energético derivadas del conflicto en el estrecho de Ormuz, así como la rápida traslación de los precios a empresas y consumidores.

A ello se suma, según explica, una respuesta inadecuada desde las autoridades monetarias. «El problema no es el consumo, el problema es la oferta», afirma, criticando la posibilidad de que el Banco Central Europeo responda con subidas de tipos de interés en lugar de abordar los problemas de suministro.

Dependencia energética y falta de previsión

Alfonso reconoce que Europa dispone de alternativas para el abastecimiento energético, pero considera que España y Canarias no han hecho los deberes tras crisis anteriores. «No hemos hecho nuestro trabajo desde la última crisis de Ucrania», asegura, en referencia a la falta de avances en la reducción de la dependencia de combustibles fósiles.

En el caso concreto de las islas, pone el foco en las limitaciones de las energías renovables. Aunque se ha incrementado su producción, advierte de que «no se pueden acumular» en condiciones actuales, lo que reduce su eficacia real. Además, señala que los proyectos de infraestructura energética avanzan con excesiva lentitud, con plazos que pueden alcanzar «entre 10 y 15 años».

Un problema geoestratégico global

El presidente de la CEOE de Tenerife sitúa el conflicto en un contexto internacional en el que Europa tiene un papel limitado. «Estamos a expensas de que se solucione con otros actores que no somos nosotros mismos», afirma, destacando la dimensión geoestratégica de la crisis.

A pesar del análisis económico, Alfonso introduce también una reflexión sobre el impacto humano de la guerra. Recuerda que detrás de las cifras hay personas afectadas por la violencia y reclama que las decisiones políticas tengan en cuenta esa dimensión: «Tengamos en cuenta a las personas a la hora de tomar decisiones».

En definitiva, su diagnóstico combina preocupación económica y advertencia política: Canarias afronta una coyuntura especialmente vulnerable que exige respuestas específicas, rápidas y adaptadas a su realidad estructural.