Arrancamos 2025 como terminamos 2024: con política, mordidas imaginarias, tolerancia cero muy flexible y una lógica creativa en la que dos más dos no siempre suman cuatro.
Arrancamos 2025 como terminamos 2024: con política, mordidas imaginarias, tolerancia cero muy flexible y una lógica creativa en la que dos más dos no siempre suman cuatro. Entre declaraciones de inocencias eternas y fiscales condenados sin pruebas concluyentes, quedó claro que la realidad ya no necesita guionistas.
El año avanzó entre equilibrios imposibles —Antonio Morales flotando entre candidaturas como un funambulista institucional—, simulacros de riesgo volcánico que parecían reales y proclamas internacionales en un inglés de trinchera («Not war», pero con convicción). Todo ello mientras descubríamos que existe un Día Mundial del Retrete perfectamente colocado en el calendario histórico español.
Hubo tragedias de verdad: convenios que caducan, dependencias en el aire y despedidas que dolieron. Se fueron amigos, referentes, madres imprescindibles y mitos universales. Y la radio, como siempre, hizo lo que mejor sabe hacer: acompañar, poner música, bajar la voz y decir adiós con dignidad.
Pero también hubo disparate, porque sin disparate no hay programa. Vacas que neutralizan olores imposibles, taxis multiplicados por cientos, subidas al Pico de las Nieves que no van bajo el mar —menos mal—, futuribles presidentes llamados Cumulonimbus y debates profundísimos sobre Eurovisión, el Imperio Romano y el portavoz oficial de las ovejas («me, me, me»).
El año terminó como debía: con filosofía gastronómica de alto nivel (no distinguir un sorbete de una tortilla del Mercadona también es un don), con la radio reivindicada como lo que es —cojonuda— y con la certeza de que, aunque a veces parezca caos, aquí hay oficio, memoria y mucha verdad dicha en voz alta.
En resumen: un año raro, intenso, triste a ratos, absurdo muchas veces y profundamente humano. Justo por eso, otro año más de radio que valió la pena y que nos resumieron en este audio Alexandra Rodríguez y Nast Santana.