«No estamos viendo señales precursoras de una erupción en Tenerife»

Parque Nacional del Teide | Foto: Cabildo de Tenerife

Parque Nacional del Teide | Foto: Cabildo de Tenerife

El sismólogo Itahiza Domínguez pide calma ante la reciente actividad bajo el Teide: detectan movimientos anómalos de fluidos, pero sin enjambres sísmicos ni indicios de magma ascendente.

El director del Instituto Geográfico Nacional en Canarias y sismólogo, Itahiza Domínguez Cerdeña, asegura que la reciente actividad detectada bajo el Teide no apunta, por ahora, a un proceso eruptivo inminente.

Aunque reconoce la inquietud ciudadana tras la experiencia del volcán de La Palma, insiste en que los datos actuales no encajan con los patrones previos a una erupción: «Lo que estamos viendo no son señales precursoras de una erupción, pero hay que estar atentos porque esto puede cambiar», afirma.

Domínguez explica que la isla acumula ya una década de actividad sísmica considerada anómala y que, en los últimos tres años, se ha detectado también una ligera deformación del terreno. Sin embargo, recalca que ese comportamiento entra dentro de lo esperable en un sistema volcánico activo.

Diez años de vigilancia continua

El responsable del IGN recuerda que Tenerife está monitorizada de forma permanente con una red amplia de instrumentación científica: «Tenerife tiene más de 50 o 60 estaciones de vigilancia que sirven para detectar cualquier señal precursora», dice.

Ese despliegue permite registrar terremotos, deformaciones del suelo y movimientos de fluidos en profundidad. Según señala, si algún día se inicia un proceso eruptivo, lo previsible es que se manifieste con un enjambre sísmico intenso y terremotos sentidos por la población, como ocurrió en La Palma: «Eso es lo que esperamos ver y eso no lo estamos viendo», subraya, como argumento para llamar a la tranquilidad.

La señal inusual del martes

La alarma reciente se origina en una señal sísmica continua registrada durante casi hora y media, algo que no se había observado antes con esa duración.

Domínguez detalla que este tipo de señales de baja frecuencia suele asociarse a movimientos de fluidos —gases o magma profundo— y que se han detectado otras veces, pero solo durante minutos: «Duró más tiempo de lo habitual y por eso creímos que había que reunirnos y analizarlo con todas las instituciones científicas», explica.

Tras ese episodio, el fenómeno se repite brevemente al día siguiente, apenas nueve minutos, y desde entonces no se han registrado nuevos eventos similares. «Hay que seguir haciéndole seguimiento porque eventualmente puede evolucionar a otra cosa», añade.

Transparencia y datos abiertos

Ante rumores o teorías que circulan en redes sociales, el director del IGN rechaza cualquier ocultación de información y reivindica la transparencia del sistema de vigilancia: «Nuestros datos están públicos: el catálogo sísmico, las señales, las deformaciones… todo está disponible», afirma.

Según explica, la mayor dificultad no es la falta de información, sino la interpretación errónea o la difusión de bulos. Por eso insiste en que la ciudadanía consulte fuentes oficiales y atienda a los avisos de científicos y Protección Civil: «Siempre que vemos algo anómalo lo comunicamos, primero a las autoridades y también a la población», recalca.

Normalidad y convivencia con el riesgo volcánico

Domínguez considera razonable que exista cierta preocupación, pero defiende que la población continúe con su vida cotidiana sin alarmismos. «Es como debe ser», sostiene.

Recuerda que en un territorio volcánico activo los procesos subterráneos son constantes y pueden prolongarse durante décadas sin desembocar en erupciones. «El magma se acumula lentamente, no aparece de pronto», explica.

Incluso relativiza el riesgo con humor cuando le plantean si compraría una vivienda en zonas del norte de Tenerife: «No me la compraría por evitar las colas, no por el volcán», bromea.