El decano de los ingenieros industriales alerta de que Canarias seguirá dependiendo de centrales obsoletas y petróleo tras un proceso que, a su juicio, «premia estirar la vida útil en lugar de modernizar el sistema».
El decano del Colegio de Ingenieros Industriales de Canarias, Carlos Medina, analiza la resolución del último concurso de generación eléctrica y concluye que el resultado «condena» al Archipiélago a mantener instalaciones envejecidas durante otra década, con escasa competencia empresarial y sin avances reales hacia la descarbonización.
Renovación frustrada
Medina explica que el objetivo inicial del concurso de concurrencia competitiva era sustituir 1.000 megavatios antiguos por nueva potencia más eficiente. Sin embargo, el resultado final dista mucho de esa intención: «De los 1.000 megavatios que han salido del concurso para renovar, solo vamos a renovar 300».
Según detalla, el resto se resolverá prorrogando la vida útil de centrales ya existentes, bien sin inversiones relevantes o con simples adaptaciones técnicas. «Entre los grupos que no se renuevan y los que solo se tunean para aguantar diez años más, suman más de 600 megavatios», resume.
A su juicio, «no se ha incrementado la competencia ni se ha mejorado el suministro», pese a que ambas eran las metas de la normativa estatal.
Dependencia casi total de Endesa
El decano aporta cifras que, en su opinión, evidencian el escaso impacto del proceso en el mercado. Canarias cuenta con 2.600 megavatios instalados. Antes del concurso, la práctica totalidad pertenecía a Endesa. Tras la resolución, la compañía seguirá controlando en torno al 87 % de la potencia: «Después del concurso, Endesa se queda con casi el 90 % de la potencia; la competencia apenas llega al 13 %».
Medina sostiene que esta concentración limita la entrada de nuevos operadores y dificulta la modernización tecnológica del sistema.
Gran Canaria, sin grupos nuevos
Uno de los puntos que más le preocupa es la situación de Gran Canaria. Allí, afirma, no se incorporará ni un solo grupo de generación nueva: «En Gran Canaria lo único que se hace es estirar la vida útil. Grupos nuevos, cero».
De los más de 340 megavatios que salían a concurso en la isla, todos corresponderán a instalaciones de Endesa que prolongarán su funcionamiento. «Nos hemos quedado a cero, literalmente», insiste.
En su opinión, esto mantiene a la isla expuesta a averías y a la dependencia del petróleo, sin margen para una transición energética real.
Bases que «premian lo barato»
Medina considera que el problema no radica tanto en las empresas como en el diseño del propio concurso: «Si usted premia lo económico y permite estirar el chicle, el resultado es que nadie renueva».
Asegura que las bases no priorizan criterios ambientales ni tecnológicos, ni fomentan el uso de combustibles más limpios. Por eso, las compañías han optado por la opción más barata: alargar la vida de las centrales existentes: «El resultado no es otro que el que ya señalaban sus bases», añade.
Eólica marina y baterías, a muy largo plazo
Sobre el futuro concurso de eólica marina, aclara que el Ministerio solo ha iniciado una consulta pública previa a las bases, un paso administrativo que anticipa plazos muy extensos: «Entre consultas, permisos y obras, estamos hablando de diez o doce años como mínimo», apunta.
Respecto a la posibilidad de instalar baterías para almacenamiento, se muestra prudente y cuestiona su eficacia si no se acompaña de nueva generación renovable y de una planificación integral del sistema.
En conjunto, su diagnóstico es pesimista: «De los 1.000 megavatios que había que sustituir, 700 se quedan como están. Eso es, sinceramente, un fracaso».