➤ «Es muy urgente buscar una solución para tratar los residuos con amianto, porque no podemos acumularlos aquí» ➤ «La finalidad es llegar al 100% del agua depurada reutilizada» ➤ «El agua que sale por el grifo en Las Palmas de Gran Canaria tiene total garantía»
La directora general de Emalsa, Mercedes Fernández-Couto, afirma que Las Palmas de Gran Canaria afronta una etapa decisiva en la gestión del ciclo integral del agua, marcada por la necesidad de invertir, digitalizar las infraestructuras, reducir pérdidas, renovar redes antiguas y avanzar hacia el máximo aprovechamiento del recurso. Sostiene que el cambio climático obliga a anticiparse a episodios extremos y, al mismo tiempo, a entender que «cada gota de agua cuenta» en un territorio sometido a estrés hídrico.
Fernández-Couto señala que la empresa vive sometida a «presión» e «intensidad» por la importancia del servicio que presta, pero asegura que los retos deben afrontarse «sin perder la motivación, la ilusión y las ganas». A su juicio, la gestión del agua, la depuración y el saneamiento obliga a mantener una visión de largo plazo, porque «el tiempo pone las cosas siempre en su sitio» y porque se trata de un servicio esencial para la vida diaria de la población.
La deuda municipal con Emalsa
La directora general de Emalsa afirma que la deuda pendiente del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria con la compañía se sitúa aún en «veintipocos millones de euros», aunque asegura que la situación se encuentra ya encauzada. Explica que en estos días está previsto el cobro de «casi cinco millones» y que hay otras cantidades en tramitación después de que el pleno municipal haya aprobado modificaciones de crédito para atender pagos pendientes.
Fernández-Couto sostiene que la relación actual entre el Ayuntamiento y la parte privada de Emalsa es «muy buena» y que existe una mayor comprensión sobre la importancia del servicio. Recuerda que el Ayuntamiento es titular de las infraestructuras, pero insiste en que la compañía está «para apoyar, para asesorar y para trabajar» con la administración local en la mejora del sistema.
La responsable de Emalsa aclara que las cantidades reconocidas judicialmente no son multas, sino «derechos que se han reconocido por parte de Emalsa» después de años en los que, según explica, se paralizaron determinados reconocimientos económicos. Afirma que a la empresa «no le quedó más remedio» que acudir a los tribunales y recuerda que llegó a presentar «más de 22 demandas de reclamaciones económicas» para resolver una situación que se arrastraba desde 2012 y 2013.
La borrasca y la necesidad de anticiparse
Fernández-Couto califica de «muy dura» la experiencia vivida con los últimos episodios de lluvias y afirma que una de las principales enseñanzas es que «la previsión y el actuar a tiempo es clave para evitar daños mayores». Como ejemplo, cita la limpieza del barranco del Guiniguada, realizada por Emalsa a petición del Ayuntamiento, de donde se retiraron «más de 3.000 toneladas de arena y residuos» durante varios meses de trabajo.
La directora general sostiene que esa actuación permitió minimizar los daños durante la borrasca, porque, aunque en la ciudad no llovió con gran intensidad, el agua procedente de las zonas altas de la isla bajó por el barranco. Advierte de que, si la salida no hubiera estado despejada, se habría producido una inundación en la zona baja de la ciudad.
A partir de esa experiencia, Fernández-Couto afirma que ha cambiado la forma de pensar sobre los riesgos asociados al cambio climático. Defiende que la digitalización, la inteligencia artificial y proyectos como el PERTE del agua deben servir para analizar datos y mejorar la capacidad de predicción. «Es muy importante predecir», afirma, tanto ante episodios de lluvias intensas como ante el desafío estructural de cuidar un recurso limitado.
El problema urgente del amianto
La directora general de Emalsa reconoce que la crisis abierta por la falta de destino para los residuos con amianto afecta directamente a la compañía, porque todavía existe «un porcentaje muy importante» de conducciones de fibrocemento en la red. Precisa, no obstante, que esa realidad «no quiere decir que genere ningún problema para el agua», sino que el riesgo aparece cuando se produce una rotura y hay que cortar y retirar tramos de tubería.
Fernández-Couto explica que, en esos casos, los restos deben gestionarse como residuo peligroso. Hasta ahora, Emalsa los trasladaba a un gestor que los llevaba a instalaciones en Sevilla, pero advierte de que esa vía se ha cerrado. Por eso considera imprescindible encontrar una alternativa: «Es muy urgente, porque lo que no podemos es acumularlo aquí, sino que debe tratarse como corresponde con un residuo peligroso».
La responsable de la compañía insiste en trasladar tranquilidad sobre la calidad del agua. Señala que la normativa ya no permite desde hace años instalar tuberías de fibrocemento y que Emalsa va sustituyendo esas conducciones cuando renueva redes. No obstante, admite que todavía queda material de este tipo y que el problema de los residuos exige una respuesta institucional compleja, con plantas específicas de tratamiento.
Saneamiento, vertido cero y reutilización
Fernández-Couto afirma que una de las grandes prioridades de Las Palmas de Gran Canaria es la renovación de la red de saneamiento, que define como «uno de los grandes problemas que tiene la ciudad». Explica que Emalsa trabaja con el Ayuntamiento en un acuerdo marco para acometer actuaciones que permitan renovar infraestructuras, avanzar hacia el vertido cero y cumplir las exigencias ambientales.
La directora general explica que el vertido cero supone que toda el agua residual pueda recibir un tratamiento completo y que no se vierta al mar agua únicamente pretratada. «La finalidad es llegar al 100%», afirma sobre la reutilización del agua depurada. Recuerda que Las Palmas de Gran Canaria ya reutiliza cerca del 50% del agua que depura, una parte para riego de parques y jardines y limpieza viaria, y otra a través del Consejo Insular para uso agrícola.
Fernández-Couto señala que la futura depuradora será una pieza clave para avanzar en ese objetivo. Advierte de que regenerar el agua exige tratamientos terciarios y cuaternarios, que son costosos, pero sostiene que no hay alternativa si se quiere proteger el medioambiente y adaptarse a una normativa cada vez más estricta.
La sostenibilidad exige inversión
La directora general de Emalsa defiende que la sostenibilidad «requiere mucho dinero», pero subraya que esa inversión debe verse como una necesidad y no como un lujo. Afirma que hay que invertir «mucho» y hacerlo «bien», porque los beneficios se recuperan desde el punto de vista ambiental, energético y de eficiencia del servicio.
En este sentido, Fernández-Couto destaca que la digitalización permite anticiparse a problemas, controlar fugas, mejorar procesos, reforzar la calidad del agua y vigilar puntos de alivio al mar. Cita el proyecto Las Palmas Azul, impulsado por el Ayuntamiento, que ha permitido instalar sensores en posibles puntos de vertido para medir tanto la cantidad de agua que se vierte en momentos de lluvia como su calidad.
La responsable de Emalsa señala que esas herramientas permiten recibir alertas y actuar con más rapidez. A su juicio, el cambio climático, la economía circular y la obligación de cuidar el recurso obligan a acelerar la modernización del sistema, porque «vivimos en un mundo que como no lo cuidemos se acaba».
La valoración ciudadana y las obras en la ciudad
Fernández-Couto afirma que las encuestas de satisfacción reflejan una valoración positiva del servicio de Emalsa, con un 96% de personas encuestadas que lo consideran «bueno o muy bueno». Sin embargo, reconoce que el saneamiento es el aspecto peor valorado, no por la prestación del servicio en sí, sino por el deterioro y la antigüedad de muchas conducciones.
La directora general explica que Emalsa trabaja de forma coordinada con el Ayuntamiento para aprovechar planes de asfaltado y evitar que se renueven pavimentos en calles donde después sea necesario abrir zanjas por averías. Cita zonas como Guanarteme o Las Canteras, donde se identifican previamente las calles con redes deterioradas para ordenar las actuaciones y reducir molestias a los vecinos.
Fernández-Couto afirma que se están ejecutando muchas obras de pequeño tamaño, pero con impacto directo en problemas históricos. Señala que hay zonas donde se resuelven dificultades de abastecimiento o puntos en los que era necesario acudir de manera recurrente con cubas para desatascar. Asegura que el Ayuntamiento tiene identificadas las situaciones críticas y prioritarias para acometerlas dentro del plan estratégico.
El agua bajo la ciudad
La directora general admite que conoce «por desgracia» lo que hay bajo la ciudad y afirma que buena parte de los problemas se concentran en la zona baja, donde los colectores tienen poca pendiente y circula poca agua, lo que favorece la aparición de olores. Explica que la renovación de infraestructuras debe corregir esas deficiencias mediante colectores con la pendiente adecuada.
Fernández-Couto sostiene que el sistema de saneamiento no debe generar olores y que ese es otro de los objetivos de las actuaciones previstas. A su juicio, la ciudad necesita una renovación ordenada de infraestructuras para resolver problemas que se han acumulado durante años y que el ciudadano percibe cuando aparecen cortes de calle, averías o molestias.
La comparación con Lanzarote y el control de fugas
La directora general de Emalsa considera «muy compleja» la situación de Lanzarote, donde se pierde un porcentaje muy elevado del agua producida. Frente a ese escenario, indica que Las Palmas de Gran Canaria se sitúa en torno a un 80% de rendimiento, lo que significa que de cada 100 litros producidos se pierden unos 20.
Fernández-Couto afirma que, aun así, Emalsa trabaja cada día para mejorar ese dato, porque cualquier pérdida es relevante en un territorio donde producir agua exige un alto coste energético. Explica que la compañía aplica sistemas de sectorización y telegestión para detectar fugas con rapidez, y que el PERTE del agua permite avanzar en microsectorizaciones en aquellas zonas con peores rendimientos.
La responsable de la empresa sostiene que la desalación convierte a Emalsa en una actividad «electrointensiva», por lo que la eficiencia energética es esencial. Señala que la compañía ha incorporado recuperadores de energía en bombas y otras medidas para reducir el consumo de kilovatios por cada metro cúbico producido.
La garantía del agua del grifo
Fernández-Couto defiende que el agua del grifo en Las Palmas de Gran Canaria cuenta con todas las garantías. «Ahora mismo tengo 456 trabajadores conmigo para que cada día el agua que sale por Las Palmas tenga la total garantía», afirma. Sostiene que, si no existiera esa garantía, no sería posible abastecer a la ciudad.
La directora general reivindica el consumo de agua del grifo también desde una perspectiva sostenible, porque permite reducir el uso de plásticos. Señala que la calidad del agua es una de sus grandes preocupaciones y que la compañía trabaja para que la población tenga confianza en el servicio.
Fernández-Couto recuerda además que el 85% del agua que se consume en Las Palmas de Gran Canaria procede de la desalación. Afirma que uno de los grandes objetivos es avanzar hacia el 100%, especialmente por los retos del cambio climático, la economía circular y los planes hidrológicos. Añade que la nueva desaladora debe permitir llegar a todos los puntos del municipio e incluso abastecer con agua desalada a otros municipios que lo necesiten.
La «cebollita» y la concienciación ciudadana
La directora general de Emalsa señala como otro de los grandes problemas la presencia de toallitas y residuos en la red de saneamiento. Advierte de que ese «monstruo» sigue creciendo y que hace falta una labor intensa de concienciación ciudadana.
Fernández-Couto explica que estos residuos obturan tuberías, provocan reventones, generan vertidos a las calles y a la red, producen malos olores y elevan los costes de reparación de los equipos. Por ello, afirma que Emalsa quiere activar su fundación para impulsar campañas, talleres de formación y acciones educativas dirigidas a la ciudadanía.
La responsable de la compañía considera que la tecnología y la inversión son imprescindibles, pero insiste en que también hace falta corresponsabilidad social. A su juicio, el buen funcionamiento del ciclo del agua depende tanto de grandes infraestructuras como de pequeños hábitos cotidianos de los usuarios.
Reconocimientos y equipo
Fernández-Couto resta importancia personal a los premios y reconocimientos recibidos por Emalsa y sostiene que son fruto del trabajo colectivo. «Soy la cabeza visible, pero todo esto no se consigue si no es con ellos», afirma en referencia a la plantilla.
La directora general señala que esos reconocimientos son especialmente importantes después de años difíciles para la imagen de la compañía. Asegura que sirven para motivar a los trabajadores y para reconocer que, incluso en los momentos más duros, Emalsa siguió prestando el servicio y trabajando para mejorar la gestión del agua en Las Palmas de Gran Canaria.