El integrante de Guanarteme se mueve Eugenio Osorio denuncia que el barrio pierde casas terreras, tejido vecinal y población residente por el encarecimiento de la vivienda y el auge del alquiler vacacional.
Guanarteme se mueve denuncia que el barrio atraviesa un proceso acelerado de gentrificación que está expulsando a vecinos, transformando su identidad y sustituyendo progresivamente la vida comunitaria por un modelo marcado por la especulación inmobiliaria, las viviendas vacacionales y la presión turística. El integrante del colectivo Eugenio Osorio López afirma que lo que sucede en Guanarteme no es un fenómeno aislado, sino una dinámica que afecta a toda la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, a la isla y, por extensión, al conjunto del Archipiélago.
Osorio sostiene que el barrio está perdiendo su modo de vida tradicional por el aumento de los precios de la vivienda, la desaparición de casas terreras y la proliferación de grandes promociones inmobiliarias. Afirma que la situación afecta tanto a jóvenes que ya no pueden emanciparse en solitario como a personas mayores que se ven presionadas por el encarecimiento de los alquileres.
Un funeral por la pérdida de identidad
Guanarteme se mueve organizó el pasado 10 de mayo un cortejo fúnebre para denunciar lo que considera «la muerte y la pérdida de la identidad del barrio de Guanarteme». Osorio explica que la acción pretendía visibilizar una problemática que no se limita a una calle o a una zona concreta, sino que expresa un conflicto urbano más amplio.
El acto reunió a algo más de un centenar de personas, una cifra que el colectivo valora positivamente por la escasa difusión previa de la convocatoria. Osorio afirma que la escenificación sirvió para dar mayor visibilidad al problema y para trasladar al Ayuntamiento la sensación de que «el barrio está muerto o está muriendo».
El cortejo contó incluso con músicos durante el recorrido, en una especie de «funeral jazz» que combinó denuncia, ironía y dramatización pública. El colectivo prepara además un recurso audiovisual con imágenes de la actividad para seguir difundiendo la situación del barrio en las próximas semanas.
Alquileres imposibles y pisos compartidos
Osorio relata que vive en Guanarteme desde hace cerca de un año y que, en ese tiempo, ya ha podido comprobar la gravedad de los problemas denunciados por el colectivo. Explica que ha llegado al barrio compartiendo piso, como otros muchos jóvenes que ya no pueden vivir de forma independiente.
Afirma que en su vivienda conviven cuatro personas y que el alquiler se sitúa cerca de los mil euros mensuales. Esa realidad, señala, ya no afecta solo a la población joven, sino también a personas mayores que se ven obligadas a buscar soluciones habitacionales compartidas o a desplazarse por el aumento del coste de la vivienda.
El integrante de Guanarteme se mueve considera que esta situación refleja una pérdida generalizada del derecho a vivir en el propio barrio. A su juicio, el problema no se limita a la dificultad de acceso a la vivienda, sino que implica también la ruptura de relaciones sociales, redes de apoyo y formas de vida construidas durante décadas.
Macroobras y desaparición de casas terreras
Osorio afirma que Guanarteme vive una reproducción constante de grandes obras inmobiliarias que desplazan a la población residente. Señala que en el barrio aparecen viviendas que pueden alcanzar precios de medio millón de euros, con una escala que considera desmesurada para la realidad social y urbana de la zona.
Uno de los efectos más visibles de este proceso, según indica, es la desaparición de las casas terreras, que forman parte del patrimonio arquitectónico tradicional del barrio. Osorio sostiene que la destrucción de ese patrimonio no solo cambia la imagen urbana, sino que borra una parte de la memoria colectiva de Guanarteme.
El activista vecinal vincula esta transformación con una pérdida de identidad y de tejido social. Afirma que la gentrificación expulsa a los vecinos locales y reproduce en Guanarteme procesos que ya se observan en otros núcleos urbanos de Canarias y del conjunto del Estado.
Críticas al Ayuntamiento
Osorio acusa al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria de mantenerse inactivo ante estas problemáticas. Afirma que el consistorio no ha reaccionado ante las denuncias vecinales y que, mientras avanza el debate sobre el Plan General de Ordenación Urbana, no se están adoptando medidas paralelas para frenar la expulsión de residentes.
El integrante de Guanarteme se mueve sostiene que existen propuestas concretas que podrían aplicarse a corto y medio plazo. Entre ellas cita la protección del patrimonio arquitectónico, las ayudas económicas para la restauración de casas terreras, la creación o adquisición de un parque público de vivienda y la fijación de un cupo máximo de viviendas vacacionales.
Osorio considera que el Ayuntamiento permite que se especule con un bien de primera necesidad como la vivienda. Recuerda que se trata de un derecho constitucional y reclama una intervención pública más decidida para evitar que el mercado inmobiliario determine por completo el futuro del barrio.
El impacto de la vivienda vacacional
El colectivo señala el aumento de las viviendas vacacionales como uno de los factores que agravan la situación en Guanarteme y en toda la zona próxima al litoral de Las Palmas de Gran Canaria. Osorio afirma que la multiplicación de estos alojamientos reduce el número de viviendas disponibles para alquiler residencial y compra, lo que empuja al alza los precios de las que permanecen en el mercado.
A su juicio, esta dinámica provoca una «herida muy profunda» en el tejido vecinal, porque sustituye población estable por personas que están de paso. El barrio deja de ser un espacio de convivencia cotidiana y se convierte progresivamente en un lugar de tránsito turístico.
Osorio afirma que esta presencia temporal dificulta la participación en iniciativas vecinales y debilita los vínculos comunitarios. «Son turistas que están de paso», señala al describir una realidad en la que cada vez hay más personas que viven unos días en el barrio sin establecer relaciones duraderas con quienes residen allí.
Un barrio socialmente dividido
El integrante de Guanarteme se mueve explica que la composición social del barrio está cambiando. Por un lado, permanecen vecinos tradicionales que conocen el pasado de Guanarteme, su relación con la tierra, con el mar y con las formas de vida anteriores. Por otro, aumenta la presencia de visitantes, turistas y residentes temporales que no participan en la vida comunitaria.
Osorio sostiene que esta brecha altera el tejido social y abre una distancia entre quienes tienen una relación arraigada con el barrio y quienes lo utilizan como espacio de paso. Ese cambio, afirma, se percibe incluso en la vida cotidiana, donde el inglés se consolida como segunda lengua habitual por la presencia turística.
El activista considera que la pérdida de población residente y de espacios comunitarios supone un riesgo para la identidad del barrio. A su juicio, lo que está en juego no es solo el precio de la vivienda, sino la continuidad de una forma de habitar Guanarteme.
Medidas para frenar la expulsión
Osorio reclama medidas urgentes, pero también políticas sostenidas a medio y largo plazo. Defiende que la administración pública debe actuar para proteger el patrimonio, limitar la expansión de la vivienda vacacional y garantizar vivienda pública suficiente.
El colectivo considera que el problema requiere una respuesta integral, porque la gentrificación combina factores urbanísticos, turísticos, económicos y sociales. Por eso, Osorio insiste en que no basta con diagnosticar la situación, sino que es necesario intervenir antes de que la transformación sea irreversible.
Afirma que Guanarteme se mueve mantiene su actividad abierta a la participación ciudadana y anima a los vecinos a sumarse a las reuniones del colectivo, que se celebran los martes a las siete de la tarde. También menciona la existencia de otros colectivos, como Derecho al Techo o Huerto a la Ventana, que trabajan en Las Palmas de Gran Canaria y en la isla en defensa del derecho a la vivienda y de los espacios comunitarios.
«Estamos en la batalla»
Pese al tono crítico, Osorio asegura que el colectivo no da la batalla por perdida. Afirma que seguirán denunciando y visibilizando las consecuencias de la gentrificación para que las instituciones asuman su responsabilidad.
«Estamos en la batalla», señala, al reclamar al consistorio y a la ordenación pública medidas «en el corto, en el medio y en el largo plazo» para combatir unas dinámicas que amenazan el modo de vida tradicional, la identidad y el tejido social de Guanarteme.
Osorio concluye que la situación del barrio expresa una tensión más amplia en Canarias: la dificultad de mantener comunidades vivas en zonas sometidas a una fuerte presión turística e inmobiliaria. En su opinión, Guanarteme es hoy un símbolo de un conflicto que afecta a muchos otros barrios y que obliga a decidir si la ciudad se organiza para quienes la habitan o para quienes solo pasan por ella.